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La tua ricerca, il mio dolore ... La mia pena

Tanto tiempo con insomnio le había acostumbrado a una rutina cada noche, pero aquella noche era diferente. No sólo sentía la ausencia del sueño, sino también la ausencia de la tranquilidad. El vampiro se levantó de la cama y respiró profundo en un vano intento por calmar la ansiedad que crecía en su interior y empezaba a transformarse en un ataque de pánico.


Caminó por el lugar y comenzó su rutina para buscar el agotamiento total y dormir un poco, por lo que se calzó e inició con los ejercicios que lo dejaban exhausto. Sin embargo, esta vez tenía un poco más de prisa por acabar esa fase y empezar por su favorita.


—Noventa y seis, noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve...

Una flexión más y suspiró agotado, para sentarse al borde de la cama y sonreír satisfecho. Ya era hora de la fase dos de su plan “a dormir, bebé Salviati”.


Se levantó de un salto y abrió el cajón de su mesita de noche para sacar su libreta de apuntes y un lápiz. Luego tomó el anillo que yacía sobre la mesa y se dirigió a su armario por la daga. Su plan consistía en dibujar las escenas de sus sueños y usar aquellos dos objetos para agotar su mente por completo pensando en la bella pelirroja. Éxito asegurado; sin embargo, cuando abrió el cajón del armario donde escondía el arma, esta no estaba.


Rápidamente sacó ansioso toda su ropa, mientras el ataque de pánico que se gestaba hace un momento volvía con suavidad.


—No, no, no...

En cuestión de segundos tenía su cuarto patas arriba y sin rastro del filoso objeto, mientras caminaba inquieto del escritorio al armario y viceversa. Finalmente se dio por vencido y decidió ir a la sala común para buscar su valiosa posesión, pues hacía unas noches había decidido ir a tomar algo y no recordaba haber vuelto. Probablemente en esa borrachera la había extraviado. Suspiró y tomó el anillo, pues prefería perder un ojo a perder alguno de los dos objetos.


Tan pronto como abrió la puerta, un terrible dolor punzante se centró en su estómago y lo dejó sin aliento, mientras veía cómo la elegante daga le atravesaba el abdomen de lado a lado. Un gemido de dolor se escapó de sus labios.


—¿Cuántas veces debo advertirte que conmigo no se juega?— susurró su temido alter ego al otro extremo de la daga, mientras sostenía elegantemente el arma y lo miraba sonriente, aunque sus ojos se jactaban de tan vil engaño.


El vampiro intentó sostenerse de su contrario, mientras éste enterraba la daga hasta la empuñadura. El hecho de ser apuñalado por él no era lo que más le aterraba; su miedo giraba en torno a la aparición física de su otro yo en el mundo real.


—¿Q-qué...?— alcanzó a murmurar mientras todo el aire se escapaba de sus pulmones y parecía imposible que volviera a entrar.


—Verás...

El sujeto se fue quitando lentamente para dejar que el vampiro cayera de espaldas al suelo, con la daga aún en el abdomen.


—No creas que iba a dejar pasar tu retorcillo con la bruja. Fue cruel—. Tomó la daga nuevamente y la hizo girar ciento ochenta grados, haciendo gritar de pánico y dolor al vampiro. Claro, sus vanos intentos por eliminar aquel alter-ego habían llegado a oídos de esa criatura.


—No sé si no lo has entendido, pero el día que te rendiste en la puerta roja perdiste todo derecho a elegir sobre tu vida. Desde ese día me perteneces, y creí que mi control había quedado claro el día que te hice olvidar a la reina.


La daga se movió unos centímetros hacia sus caderas, para salir abruptamente del costado del vampiro y ver cómo una mano se introducía en la herida. Prácticamente estaba perdiendo el conocimiento.


—Oh, vamos. Yo sé que quieres saber de qué hablo. Mira, no sé cómo demonios lograste guardar esas imágenes en mi puerta, pero fue una traición que me llegó al alma. Aunque no creí que funcionara para nada, aún así te las arreglaste para dominar en tus sueños y traer las imágenes a tu lado consciente. Increíble, lo acepto, pero ya estoy harto de esta ridícula búsqueda por ella. Tu castigo por desobedecerme fue perderlas, y el que estés retándome...


Tomó el estómago del chico y haló con fuerza para sacarlo de su abdomen y cortar los conductos.

—Me molesta. Si tu absurda búsqueda continúa, lo próximo que sacaré será tu corazón.


El vampiro vacilaba entre la consciencia y la inconsciencia, donde la segunda ganaba sobrada. Lo que lo mantuvo despierto fueron las intensas arcadas que le hicieron vomitar sangre por montones, hasta que ya se encontraba rodeado y casi ahogado por esta.


—Qué triste que me hagas llegar hasta acá, pero es tu descontrol lo que lo causa. Si tan sólo hubiera una forma de controlar tu subconsciente —o sea, yo— y evitar que todo esto suceda... Un gusto, Dan. Espero no tener que volver a jugar con tu mente para llegar a esto.


Guiñó el ojo y desapareció de la vista del vampiro, junto con todas las demás cosas, pues el dolor era terriblemente insoportable para mantenerse remotamente consciente.

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