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Un triste aniversario di piú

"No sé cuánto a pasado, pero seguro que ya eres menos que polvo en algún lugar de otro mundo... Aunque en mi mente estás más viva que nunca.

Sinceramente, me siento patético al seguir recordando aquel triste día, pero cada 1 de Junio ha quedado marcado en mi alma como el horrible tatuaje de mi código militar en el brazo, el tatuaje de tus ojos vacíos mirándome y tu última exhalación... Maldita sea, cuánto diera yo por olvidar la crueldad de mi infancia, pero esta viene ligada con tus tibias manos en mi rostro y vaya que me esfuerzo en conservarlas.


Hoy, como cada 1 junio desde que te fuiste, el cielo parece más oscuro que ayer y la brisa se siente un tanto más fría. Hoy, como cada 1 de Junio, es hora de rendir una ofrenda a la mujer que amó y luchó hasta el último suspiro por mostrar el león que rugía en su pecho y que fue silenciado de la forma más vil...


Sin más que decir, feliz aniversario donde quiera que estés e intenta nunca olvidarme como tu nunca saldrás de mi mente, porque ¿Cómo olvidar al único y verdadero amor de mi vida, si su partida trajo la oscuridad que ahora me consume?

No te culpo y nunca lo haré, pues tu no decidiste partir; aunque me paso noches enteras imaginando lo diferente de mi vida si hubieses estado ahí siempre y todo parece volver al color, sin duda.


Aún así, la realidad parece querer acabar con aquellas bellas imágenes y recordar mi triste pérdida, que ahora conmemoro como una carga pesada sobre mis hombros y parece que nunca tendré la fortaleza para soltarla y dejarla atrás.


Espero volver a verte algún día.


Siempre tuyo, Dante Salviati Leone."


Ricordo il 1° giugno 1860

La jovencita Salviati corría por todo el pueblo buscando a un ojiazul, pero parecía que su hermano se había disuelto entre las sombras de la creciente noche.


Eran las diez y las pistas sobre el paradero de Dan seguían siendo un misterio, hasta que Jacob apareció en su puerta con expresión preocupada.


—¿Q-qué sucedió, Jakie?— El chico sonrió un poco y la tranquilizó asintiendo, mientras tomaba su mano para hacerla salir de su casa.


—Ya lo encontré, pero necesitaremos un par de siervos...— La chica llevó su mano a la boca y negó, pues su mente imaginaba las peores tragedias jamás vistas, con su hermano como protagonista.


—D-dime que está bien, ¡dime que está bien!— Jacob la silenció y tomó sus hombros, asintiendo algo irritado. —¡Sólo trae a dos de tus hombres a la cantina!— gritó mientras corría hacia allá, dejando en claro que ella no debía demorarse ni un segundo más.


Evangelina simplemente voló a las cabañas de los servidores con una vela, despertó a todos los integrantes de la primera cabaña, señaló a los más cercanos y corrió hacia la cantina con ellos dos detrás.


Unos minutos después, Dan se encontraba completamente dormido en una de las mesas más lejanas, mientras Evangelina miraba atónita.


—¡Vamos, vamos! Recojanlo y a casa, ¡rápido!— dijo aún aterrada, mientras veía cómo la consciencia estaba completamente ausente en el inerte cuerpo de su hermano.


—¿Estará bien?— murmuró un poco dubitativa, mientras Jacob se encogía de hombros.

—Sólo está completamente ebrio. Se le pasará —respondió, ayudando a los dos hombres a liberar el camino mientras arrastraban al joven hasta la casa.


—¿P-por qué pasó esto, Jakie?


El chico la tomó por los hombros y suspiró.


—Eivy, cariño. Es 1 de junio... Agradece que lo encontramos hoy.


—¿Y eso qué significa? ¿Por qué papá y Dan enloquecen el 1 de junio?


El chico volvió a suspirar y la dirigió fuera del establecimiento hacia la mansión Salviati en silencio.


—Jakie...


—Basta. Si ellos no te lo han dicho, no soy quién para comentarlo—. Y dejó en claro que no iba a seguir con el asunto. Pero Evangelina había crecido con aquel italiano, y eso era suficiente para no rendirse cuando su intriga atacaba.


Toda la noche estuvo sentada frente a la cama de su hermano para vigilar que estuviese bien y esperando pacientemente que despertara para bombardearlo con preguntas.


A primera luz del día, la chica traía zumo de naranja y caldo para cuando despertase, mientras su sierva personal llevaba una toalla y un balde, pues él se veía visiblemente deshidratado.


Unas horas después, unos balbuceos en italiano salieron de los labios de su hermano, mientras se movía con lentitud y gruñía al abrir los ojos.


—Maldición... Agh, cuánta luz...— comentó tapándose la cabeza con la almohada, mientras Evangelina cerraba las cortinas y se acercaba a él.


—Dan... Dan, Katimba preparó zumo de naranja y caldo para ti.


Después de varias maldiciones y de renegar otros segundos, el chico se levantó un poco y, víctima del mareo de la resaca, inmediatamente tomó el balde y vació todo lo que pudiese quedar en su estómago.


—Bien... Eso fue bastante desagradable— comentó dejando la loza en la mesa más cercana y sentándose a los pies de la cama donde yacía un malhumorado y enfermo Dante.


—¿Podrías darme alguna idea de cómo has decidido terminar así, hermanito?


El chico se mantuvo quieto, con los ojos cerrados, para susurrar casi inaudiblemente: —Era 1 de junio—


La chica rodó los ojos, pero sonrió como su curso intensivo de urbanidad para damas casaderas le había enseñado, y bajó la voz: —Lo sé, hermanito. Padre también ha decidido desaparecer hasta entrada la noche y ha llegado sin decir una palabra... ¿Qué les ha sucedido el 1 de junio para perder la cordura y terminar en tan deplorable estado?


Renegó una vez más, se movió con velocidad por segunda vez en la mañana y volvió a aportar al contenido del balde.

—Vete— susurró, viéndola a los ojos por un par de segundos antes de enrollarse en las sábanas y acomodarse para dormir.


—No puedo irme sin saber qué ha cargado tus hombros a tal nivel que has decidido dejar tu raciocinio en el fondo de esas botellas— afirmó con firmeza, pero respetando el nivel de jerarquía que representaba su hermano mayor.


—Te he dado una orden y estoy seguro de haber sido bastante claro. Por favor, cierra la puerta al salir— masculló enojado, pero sin perder su postura.


—Dejaré tu desayuno en la mesa. Come algo, por favor, para que te mejores. Katimba estará pendiente de lo que necesites...— comentó mientras levantaba la ropa tirada, se acercaba a su hermano y acariciaba sus cabellos.

—Te quiero...— susurró, levantándose, pero una mano sujetó su muñeca con rapidez mientras unos cansados ojos azules le devolvían la mirada.


—Te adoro y lo sabes, pero no es momento para charlas— sonrió un poco y soltó su mano para recostarse de nuevo. Evangelina asintió resignada y caminó hacia la puerta, chocándose con Katimba.


—Jovencita Salviati, lamento mi distracción...— La joven asintió restándole importancia, tomó la mano de la sierva y decidió intentarlo.


—¿Qué pasó el 1 de junio?


—S-señorita, no puedo hablar...— pero ella negó y utilizó su mínima autoridad como Salviati que era para apretar su mano.


—Le ordeno que hable, Katimba.


La sierva titubeó, pero sabía que desobedecer era el peor delito que podía cometer, y no podría arriesgarse por sus hijos. —Júreme que esta información no saldrá de usted y yo.


—Sí, sí. Lo juro...— asintió con ansiedad y la mirada fija.


—El 1 de junio de 1844, la madre del joven Salviati murió frente a él. Desde entonces, cada 1 de junio, el señor Salviati y el joven Dante suelen mostrarse muy afligidos...— comentó en tono titubeante, mientras la chica entraba con rapidez a la habitación de Dante.


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