El hombre del cementerio
- Camila Alejandra Sarmiento Espinel
- 14 ago 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 nov 2025

La gente siempre decía que con el tiempo ya no sería tan difícil. Pero nadie parecía querer hacer énfasis en cuánto tiempo exactamente tenía que esperar sintiéndose el ser más miserable.
Nuevamente volvía a aquel lugar que ya se sentía más su hogar que su propia casa. Se sentó frente a lo que ahora quedaba de su familia, cambiando las rosas marchitas por unas frescas y abiertas. Miró el par de nombres en el mármol y sonrió un poco ante los recuerdos. Algo que no cuentan en los grupos de apoyo es que hay otra fase del duelo de la que nadie habla: el vacío. Después del intenso dolor y la lucha constante contra el destino, el alma parece rendirse ante un vacío interminable que se instala en el pecho y se hace presente en cada inhalación.
—Señor BlackWater, que bueno poder saludarle de nuevo. —comentó el sepulturero mientras se mantenía en sus labores de mantener aquel lugar impecable. Jacob le saludó con un tímido movimiento de mano, para volver su mirada al par de lápidas y arregló el pasto que ya crecía a los alrededores. Suspiró poniendo su mano en las letras, para recordar la última imagen de esas sonrisas. Un beso en el mármol, tan frío y muerto como su corazón, y se retiró a su casa. Tenía algo que hacer.
𝖤L 𝖥𝖴𝖭𝖤𝖱𝖠𝖫
Uno a uno pasaba por los ataúdes sin decir nada. Algunos lloraban un poco y otros sólo parecían consternados. Pero Jacob no podía reconocer sus rostros.
ᅳLamento tu pérdida ᅳsusurró alguien a su lado. Jacob sólo murmuró un "gracias por venir” sin quitar los ojos de los ataúdes. Y así pasaron varias horas, con él murmurando lo mismo una y otra vez sin importar lo que le dijeran.
Gracias por venir. Gracias por venir. ¿Por qué vinieron? No lo sabía, no sabía quiénes eran todos ahí. Se acercó al ataúd pequeño y pasó la mano por el vidrio totalmente en silencio.
ᅳEstá en shock, es normal ᅳescuchó murmurar a alguien, por lo que se giró lentamente a mirar a aquella persona y fruncir el ceño. El tiempo pasaba tan lento y Jacob se sentía tan confundido que simplemente se salió y se quedó en la puerta hasta que alguien le insistió que volviera.
ᅳEl velorio está por terminar ᅳ. Fue lo último que escuchó antes de que la oscuridad le tomara por completo y se desvaneciera justo en ese momento.
𝖤L 𝖧𝖮𝖲𝖯𝖨𝖳𝖠𝖫
—¡Son 3, entraron en la noche! —gritaba desesperada a la enfermera, que tecleaba lo más rápido posible tratando de calmarla.
—S-señora. Los pacientes están en pronóstico reservado, no puedo decirle más. Tendrá que esperar.
—pero, ¿están vivos? —preguntó en un hilo de voz, mientras su esposo y su hijo venían corriendo hacia ella. La enfermera asintió con una pequeña sonrisa, mientras el mayor la tomaba en un abrazo y la llevaba hacia un pasillo en cuidados intensivos. Samuel la sentó en una silla y le dio un vaso de agua, mientras suspiraba mirando a su padre. Luego miró a su madre, que parecía más calmada, pero no se separaba de la camándula que siempre cargaba en el cuello y ahora estaba en sus manos.
Horas pasaron. Horas que se sentían años y que no hacían más que incrementar la angustia de toda la familia. Samuel, con lo que el doctor le había dicho horas antes, parecía aún más inquieto que todos allí sentados.
Al fin, a casi 36 horas de aquel terrible accidente, los familiares obtuvieron la primera respuesta. Evelyn BlackWater había entrado en coma después de la operación de emergencia. Se esperaba lo peor.
En secreto, aquella familia no podía hacer más que rogar que aquel no fuera el destino de su hijo y el miembro más pequeño de la familia. Una y otra vez se repetían que todo iba a estar bien. Una y otra vez se consolaban unos a otros casi en vano, porque las horas sólo empeoraban la esperanza.
Dos horas después de la madre se supo el destino de su hijo. Alekszander BlackWater había fallecido de un paro cardiorespiratorio fulminante.
Todo lo que se podía hacer por aquel niño, se había hecho.
El golpe fue directo al pecho de los tres. Era el más pequeño de la familia, el que todos habían esperado ansiosamente y que había dado una energía nueva a la familia. Y mientras Samuel llamaba a los suegros de su hermano, a 3 mil kilómetros de aquel hospital, para dar una de las peores noticias que se le puede dar a un par de padres, un rayo de luz alumbró en la familia.
El hermano gemelo, 5 minutos menor que el otro, había salido de la unidad de cuidados intensivos y ahora se encontraba en recuperación. Nada estaba escrito, pero parecía más cerca de ellos que de su esposa y su hijo.
Al volver de aquella desgarradora llamada, Samuel se tiró al piso desolado, mientras sus padres lo rodeaban tratando de animarle con las buenas nuevas.
—¡Ya basta! —murmuró entre aquel lamento agónico que tenía desde que había colgado el teléfono. — ¿qué le vamos a decir a Jacob cuando despierte, ah? ¿"¡Hola! Bienvenido de vuelta a la vida, nos alegra que volvieras con nosotros. Todo lo que conocías como tu vida se fue para siempre y nunca volverá, espero te acostumbres."?
Y Samuel tenía razón. Ya nada volvería a ser igual.




Comentarios